El precio de los alimentos en Bucaramanga se decide en las primeras horas de la madrugada en los pasillos de Centroabastos. Sin embargo, detrás del costo final que paga el consumidor existe una compleja cadena de intermediación, fletes de transporte y realidades climáticas que golpean directamente el bolsillo de los santandereanos.
El costo de la infraestructura vial
Uno de los mayores desafíos para mantener precios estables en Santander es el estado crítico de las vías secundarias y terciarias que conectan el campo con la capital departamental. Las constantes lluvias de la temporada invernal elevan los costos de transporte de las cosechas, obligando a los transportadores a incrementar sus tarifas.
La realidad del productor rural
En el otro extremo de la cadena, los campesinos de municipios agrícolas como Lebrija o Piedecuesta reportan que sus márgenes de ganancia siguen siendo mínimos a pesar de la carestía en las ciudades. La falta de acceso directo a los mercados finales y el alto costo de los insumos agrícolas importados limitan severamente la rentabilidad de su labor.
Mecanismos para equilibrar la balanza
Para aliviar esta distorsión, iniciativas locales de mercados campesinos sin intermediarios y cooperativas de transporte regional están ganando terreno en el área metropolitana de Bucaramanga. Fortalecer estos canales de distribución directa beneficia tanto al consumidor urbano con precios justos como al productor del agro con retribuciones dignas.
